Empieza a llover. Pasa un tiempo y ya no se ve nada. Solo oigo la respiración entrecortada del hombre. Noto cómo la ropa se me pega al cuerpo mostrando mis pechos. Me mira con ojos de vicioso. De repente me mete mano. cuando empieza a acariciar mis nalgas y mi pecho, en un momento suyo de descuido, le empujo y salgo corriendo.
Entre que tengo un tacón roto y que está todo encharcado tiene la mayoría de posibilidades de alcanzarme y hacerme algo peor. Las gotas de lluvia empapan mi cara.
-¡Ahh! -chillo con todas mis fuerzas cuando me agarra del brazo.
-Ya no te vuelves a escapar, guapa -forcejeo de nuevo y al menos consigo arañarle los brazos y la cara.
Plan B. Me quedo inmóvil y él también para.
-¿Ya te rindes? -dice sorprendido- Creí que serías más difícil.
Y ahí, en ese mismo momento le doy un puñetazo y salgo corriendo.
Me quito el tacón, rompiéndolo contra la pared del callejón, para poder correr mejor y llego hasta el final del callejón. La calle nueva a la que he llegado está más iluminada pero vacía.
-¡Socorro! -grito
Cojo el móvil para llamar a la policía o a Dani pero no tengo batería ¡¿algo peor podría pasar?! Sí. El hombre está a pocos metros de mí y no puedo reaccionar. No sé si salir corriendo o enfrentarme a él, total, ninguna de las dos opciones me ha aportado buenas conclusiones...
No me lo pienso dos veces y salgo corriendo en dirección a mi casa, donde Dani debe de estar, ya, preocupado por mí.
Y entonces hay un milagro. Aparece una persona al final de la calle. No me lo puedo creer. Acelero el paso para alcanzarle mientras le llamo:
-¡Por favor! -me ha oído y se gira_ ¡Socorro! ¡Ayúdame!
-¿Anna? -imposible que sea él- ¿qué pasa?
-¡Por favor! -grito más alto todavía- ¡Ayúdame, Miki!
Gran historia deseando leer más y muchas gracias por escribirla. SIEMPRE DANNA!!!!!
ResponderEliminar