Desayunamos y decidimos dar una vuelta por Mollet. Está todo mojado y caen algunos copos.
-Dani, te voy a llevar a un lugar que debe de estar nevando más fuerte.
De camino, cantamos canciones de la radio y él mira de vez en cuando por la ventanilla. Tras hora y media de viaje, aparco al lado de una casita con un descampado nevado.
-¿Y esto, Simon? - dice mientras se pone unos guantes.
-Aquí he venido varios años cuando era pequeña -me coloco los guantes imitando el gesto de una cirujana apunto de entrar a quirófano- Es muy bonito.
Salimos del coche y vamos a la casita dejando nuestras pisadas en la nieve. Llamo a la puerta, y al tiempo nos abre una señora.
-Buenos días y bienvenidos al restaurante El Mont, sois dos, ¿verdad?
-Sí- nos hace una señal para que la sigamos y nos lleva a una mesa al lado de la ventana. El restaurante no está muy lleno: dos parejas y una familia más.
Terminamos de comer y mientras pago, Dani, se sale al patio. Al salir, le llamo para pasear juntos, pero no me responde. Le vuelvo a llamar.
-Estoy aquí, Anna- suena detrás del restaurante, así que voy para allá.
Nada más torcer la esquina, me encuentro a Dani con un grupo de cinco niños que llevan bolas de nieve en las manos "Mierda" Pienso.
-No, Dani, no...- retrocedo pero sigo mirándole.
-¡Al ataque!- todos a la vez me tiran bolas de nieve.
-¡Socorro!- grito mientras corro buscando un lugar para cubrirme. Si quieren una guerra de bolas de nieve, la tendrán.
Después, de que a varios niños les llamaran sus madres y se fueran nos quedamos Dani y yo con un niño más.
-Joaquín, ven, que nos vamos- El niño llamado Joaquín se levantó de su escondite y Dani y yo nos quedamos solos.
De repente veo un Kleenex asomándose detrás de un arbusto.
-Paz, Anna, bandera de blanca- dice Dani. Me río y salgo de mi escondite. Parece que no he acabado tan mal, creo que él tiene más nieve que yo.
-¿Dónde has aprendido a tirar así?
-Es lo que tiene haberse criado en Mollet- le miro divertida- ¿te apetece un chocolate bien caliente?
-Sí, por favor- me coge del brazo. Me abraza.
-¿Y esto es porque te he ganado?- le pregunto.
-No, es porque cada día me sorprendes y me enamoro más de tí.
-A mí si que me enamora que me digas eso- le beso lentamente, cariñosamente, juguetonamente... En fin, todos las formas de besar que se me ocurren en ese momento. Le quiero, y no puedo ser más feliz
que bonito!!! que ganas de capitulo :) siguiente
ResponderEliminarMuchas gracias!! Estamos escribiendo ya el 81 ;)
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