-Yo también, Dani
–me quedo mirando esos ojazos que hacen que mi corazón vaya a mil.
-¿Entramos?
–dice, riéndose
-Em…Sí, venga,
que tengo hambre
-¿Cómo puede ser
que comas tanto y no engordes?
-Yo soy así y así
seguiré, nunca cambiaré –canto
-Vale, vale, no
hace falta que estropees el día, que esta tarde tenemos que ir a la playa.
-¡qué cabrón! –le
pego en el brazo.
-Ay, vale, vale,
no me pegues, que nos están mirando y te van a denunciar, jajaja
-Si, si, tú
ríete, ya verás cuando lleguemos a la habitación
-¿Me vas a pegar
porque he sido un chico malo?
-Jajaja –nos
sentamos en una mesa y enseguida viene un camarero
-¿Han decidido lo
que van a tomar? –nos pregunta.
-Sí, yo tomaré un
café y un Donuts –respondo.
-Yo tomaré lo
mismo que la señorita –dice de Dani y me mira sonriendo.
-Muy bien –dice
el camarero mientras se va.
-Eres un plagias
–le digo
-Lo sé, yo soy
así y así seguiré… -me imita
-“No hace falta
que estropees el día, que esta tarde tenemos que ir a la playa” –le imito.
-Oye lo haces muy
bien.
-Gracias –no
puedo aguantar esa mirada que me echa y le beso –Dani…
-mmm…
-No me dejes
nunca, por favor, no lo soportaría –le digo mirándole a los ojos.
-No vuelvas a
decirlo, Anna, yo te amo y no te dejaré nunca, ¿vale? Además no hay nadie como
tú.
El camarero nos estropea ese fantástico momento.
-Aquí tienen su pedido -dice, aburrido.
-Gracias -respondo secamente. Se marcha. Dani me mira
-¿Por dónde íbamos?
-Me estabas contando que no me dejarás nunca y que no hay nadie como yo.
-Y que te quiero, te amo y siempre te querré -añade sonriente.
-Ay, ven aquí que te como -le abrazo y le doy un beso.